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Madeira, la isla verdeHace un mes y medio que dejé atrás Islandia....Tengo que reconocer que las primeras semanas estuve muy descolocado, odiaba 'el horno' al que había vuelto, el ruido de esta 'gran ciudad' llamada Barcelona...Eché mucho de menos a 'mi isla', me acordé de Reykjavík a cada momento, de mi independencia, de la gente que había dejado y me dí cuenta de lo islandés que me había vuelto....
Tras una semana por el sur-este de España visitando a unos familiares, volví a hacer la maleta para embarcarme esta vez rumbo a Madeira, la isla portuguesa situada a 860 km de Lisboa y 385 km de las Islas Canarias, 1 semana de vacaciones 'a tutiplén' en un lugar conocido como "el jardín del Atlántico". La verdad es que no sabía exactamente adónde iba, fue más un 'peazo acople' al plan de unos amigos que se habían espabilado por mi ;). Me lo tomé con calma, apenas me molesté en buscar guía alguna ni en conocer tan sólo la forma que tenía la isla...
La sorpresa fue muy grata. Mi ignorancia me hizo pensar que nos dirigíamos a la típica isla de verano-playa-guiri-más playa (algo a lo que, porqué no, estaba dispuesto ;) y la realidad fue bien distinta. Madeira (Madera) es una isla muy abrupta, muy pintoresca, la verdura es impresionante, árboles y más árboles, abarrotan los 741 km2 a lo largo (57 km) y ancho (22 km). De las primeras cosas que me llamó la atención fue el singular aeropuerto situado a 20 km de la capital de la isla, Funchal. La pista (sólo 1) de aterrizaje está construida en primera línea de acantilado sobre una megaestructura de pilares que se adentran en el mar y entre los cuales pasa la vía rápida que continua hacía el este de la isla.
Supongo que la benignidad del clima (media de invierno de 16ºC) explica que vivan 260.000 habitantes en una isla de poco más de 800 km2 (recordemos que Islandia tiene 103.000 km2 y viven 300.000 habitantes). Funchal (104.000 habitantes), "la ciudad en pendiente", es un lugar muy bullicioso, de un tráfico espeso que fluye por calles imposibles, y perforada por inumerables túneles. Algunos problemas con la reserva del coche de alquiler hicieron que estuvieramos, para mi gusto, más días de los esperados 'pateando' las cuestas de Funchal. Un teleférico supermoderno conecta Monte (afueras de Funchal) con el centro de la ciudad y con el Jardim Botánico, visita obligada en la capital. En Largo das Babosas tiene lugar una de las actividades (para turistas) más típicamente madeireña: los Carros de Cesto, una especie de cestos de madera que se deslizan guíados por 2 'cesteiros' a modo de trineo a lo largo de un 'tobogán' (cuesta), a razón de 15 € por persona (en grupos de 2), los cesteiros hacen deslizar el carro impulsándose en el asfalto a modo de monopatín y haciéndo contrapeso para poder virarlo en la curvas, a mitad de trayecto, un tipo te saca una foto que rapidamente envía por blue tooth a un garito ubicado en el final del trayecto que la imprime y te la vende como recuerdo al 'módico' precio de 10 €.
El tercer día ya pudimos movernos por la isla en coche. Como primera incursión decidimos cruzarla de sur a norte, hasta Ribeira Brava y desde allí tomamos la ER104 hasta el pintoresco pueblo de Sao Vicente, situado en la costa norte dónde el Atlántico rompe con furia. De camino a Porto Moniz, nos paramos a comtemplar los imponentes islotes de Ribeira da Janela. Nuestro objetivo en Porto Moniz, eran las Piscinas Naturais (Pisicinas Naturales), unas piscinas artificiales 'robadas' al mar y resguardadas del terrible oleaje del océano. Por la noche decidimos ir a cenar a Santana, donde se puede contemplar un grupo de viviendas tradicionales con tejado pajizo. Cerca de este conjunto, nos acercamos a cenar a un más que razonable precio al hotel O Colmo, con especialidades madeireñas como el cabrito y el pez espada y el pudding de maracuyá, muy recomendable.
El dia siguiente tocó un poco de 'trekking'. Nos dirigimos hacia la parte oeste por la ruta ER110. La primera parada fue en Bica da Cana, un pico a 1620 m, accesible en coche y donde se puede contemplar el famoso 'Mar de Nubes', un espectáculo sin igual. Por la misma ruta proseguimos hacia Rabaçal, desde donde parten unas suaves rutas a pie de unos 3 km hacia Risco y 25 fontes por las 'levadas' o rutas de acequia. Tras el 'paseito' nos dirigimos a la playa de Calheta, situado en el sur-oeste de la isla. De vuelta a Funchal, paramos en Ponta do Sol para contemplar la puesta del mismo.
El viernes, tras una breve visita a los pueblos de Curral das Feiras y Eira do Serrado, nos aventuramos por la costa sur-este hasta la playa de Caniçal. Por la tarde llegamos a la punta más oriental de la isla, desde donde se pueden divisar la islas desiertas de Cevada y do Farol.
El interior de la isla es un 'caramelo' para los aficcionados al trekking o montañismo. El plato fuerte del viaje fue un trekking de 7 horas y 18 km desde el pico de la Encumeada a 1007 m de altitud hasta el Pico do Areeiro a 1818 m, pasando primero por Pico Ruivo a 1862 m, una de las más grandes 'proezas' que yo he realizado en mi vida, joder la excursioncita....eso si, una vistas apabullantes, por momentos me acordé de mi Islandia....
En resumen, un viaje muy recomendable. Muito obrigado Maderia!
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