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Singapur, la ciudad de la ley y el ordenIncomprensiblemente, decidí seguir mi viaje por Singapur, la ciudad-estado del sur-este asiático, que por cierto, poca gente sabe que es además una isla (unida a la península malaya por un puente-autopista). Digo incomprensiblemente, porque el 'shock' que me ha causado cambiar Nepal por Singapur no ha sido tal vez el paso más acertado a seguir en este viaje.
No sería lo ideal precipitarse a emitir juicios a destajo pues apenas llevo unas horas por aquí y no he visto aún casi nada pero así 'a bote pronto' mi primera impresión es la de una ciudad irritantemente pulcra y llena de gente corriente, 'rara y fea' y de centros comerciales super-pijos que te acechan en cada esquina. Tras pasar 12 horas de tránsito en el aeropuerto de Delhi, que contrariamente a lo que me esperaba, resultó ser un aeropuerto super-limpio y moderno que ya quisieran algunas ciudades europeas (como Varsovia), aterrizaba en Singapur a las 9.00 de la mañana hora local, 6 más que en España. Un metro (0,80 €) te lleva hasta el centro de la ciudad desde el mismo aeropuerto. El calor en la ciudad es insostenible, con una humedad de esas enganchosas 'tipo Barcelona' como no recordaba hace tiempo. Había estado estudiando la guía en semanas previas y me decanté por un barrio llamado 'Little India' para elegir alojamiento. Según la guía, Little India es hoy en Singapur la zona con más oferta y más económica para alojarse en la ciudad. Mi primera elección de guesthouse resultó estar cerrado por reformas, diosss que poco se puede confiar en las guías hoy en día, así que me decidí por la segunda que estaba a pocos metros, Ali's Nest (el nido de Ali) se llamaba el sitio descrito en en la guía como "Desaliñado, caótico pero sin duda una cálida bienvenida", el sito la verdad no es gran cosa pero está limpio y es sin duda, después de haber 'cotilleado' a posteriori en otros 'zulos', la opción más barata para los que no queremos gastarnos una fortuna en un sitio donde 'caernos muertos': 20 S$ (10 €) la noche en habitación o 12 S$ (6 €) en dormitorio. En mis primeras horas en Singapur me di unas vueltas por Little India y el Arab Quartier. Little India me pareció algo decepcionante y creo que el sobrenombre no le acaba de hacer justicia. Posiblemente me esperaba algo más auténtico y 'agradablemente' caótico y no 4 tienduchas indias mal puestas y acosadas por comercios chinos. El templo hindu de Sri Veeramakaliamman sea tal vez 'lo más' indio que haya por allí. Tras darme unas vueltas cogí el metro hasta el Colonial District para cenar algo. El metro de Singapur es estupendo. Moderno, luminoso y limpio. Lo último parece algo imposible de entender cuando te percatas de la total inexistencia de papeleras. Aunque luego caes que, ante la amenaza de 500 S$ (250 €) de multa por tirar basura, a ver quien es el guapo que se atreve. Todas las líneas están perfectamente integradas con un sistema de tarjeta de plástico magnética recargable que se deben pasar por un lector al entrar y salir, evitando así residuos innecesarios. Los viajes cuestan 0,35 €. Para cenar me fui al CHIJMES Complex, cuyo nombre es acrónimo de Covent of the Holy Infant Jesus, un complejo de restaurantes organizados en torno a la fachada neo-gótica del antiguo convento. Lleno de fuentes, cascadas y césped, es un sitio, por lo que observé, bastante popular para ir a cenar y con una oferta variada de resaurantes. Hacía eternidades que no comía sushi y tenía 'mono' así que me metí en un restaurante japonés. Fue una mala elección, era muy caro y sólo llevaba encima 55 S$ (27,5 €). Apenas me llegaba para un arroz frito, 2 sashimis y una cerveza y eso fue lo que tuve que pedir. Era uno de esos restaurantes con mesa larga, larga donde el chef cocina enfrente tuyo sobre una plancha. Había un grupo de holandeses a mi lado que se estaban poniendo morados de langosta, kobe y demas exquisiteces y bebían vino. El chef, que curiosamente había vivido 2 años en Holanda, les preparaba la comida mientras les daba palique de ese 'superficial y lameculos'. Ante mi 'low budget' cena, el chef ni me miró. Total que 'aspiré' mi cena rapidamente y me abrí por patas. Me dí cuenta que ya no iba a poder seguir tirando de cenas de 300 rupias como en Nepal. Dándome una vuelta por otros restaurantes del mismo complejo, vi que los precios no eran ni mucho menos como en el japo, aún asi los platos rondaban los 15 € de media, no un disparate pero nada aproximado a lo que estaba acostumbrado en los 7 meses anteriores. En fin, un cambiazo brutal y desconcertante. Echo de menos el caos, echo de menos la gente que te mira a la cara, echo de menos Nepal. Mañana sigo explorando la metrópoli. 评论 (5)
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